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FIRMAS DE FaCES

Territorios federales: ¿giro hacia la derecha? / Esteban E. Mosonyi

Territorios federales: ¿giro hacia la derecha? / Esteban E. Mosonyi

Me siento muy solidario con los planteamientos hechos por los movimientos afrodescendientes como complemento indispensable del artículo 100 de la propuesta presidencial, los cuales giran en torno a su reconocimiento definitivo como actores sociopolíticos colectivos -más allá de los aspectos culturales e identitarios- y, ante todo, la demarcación de las "cumbes" -en homenaje a las poblaciones conformadas por esclavos fugitivos y reorganizados- como su futura base político-territorial, en cuanto alternativa frente a las "comunas" formuladas en el documento. Si esto se logra, estarían más o menos a la par de los pueblos indígenas en materia de derechos constitucionales. La propuesta parecería actuar como contrapeso a los derechos ya adquiridos por los pueblos originarios y sus comunidades.

Ello sería bastante delicado, dadas las raíces de la revolución bolivariana tan profundamente afincadas en el ideario indígena y esperamos que también en el de los pueblos africanos. Por eso afirmo que, después de largas reflexiones, el concepto de comuna me suscita ciertas inquietudes. Hasta donde tengo información, los términos que utilizan los indígenas -de Venezuela y toda América- para designar sus unidades territoriales se corresponden muy de cerca con la palabra castellana comunidad: janokoina (warao), patá (pemón), tómarra (jivi), miíchipala (wayúu), kalpuli (nahua), áyllu (kechwa). Dicha comunidad es el asiento de una economía semicolectiva de base familística, de la solidaridad distributiva y redistributiva, de la democracia interna consensual y voluntaria, del más riguroso respeto hacia las personas de dentro y fuera de cada entidad poblada. Esta expresión ha sido utilizada fundamentalmente por revolucionarios profesionales de ideología eurocéntrica, con orientación utópica o semiutópica, incluso como una forma de romper con el pasado histórico. Esto se evidencia en documentos oficiales recientes cuando se afirma que en Venezuela los indios "tribales" se van constituyendo en "comunas", es decir, evolucionando a partir del atraso hacia formas superiores de convivencia humana.

Nuestro recelo se acentúa cuando comenzamos a considerar el ente geopolítico denominado "territorio federal", cuyo ejemplo más característico sería el alto Orinoco, donde habita desde tiempos inmemoriales el pueblo yanomami. Según todos los indicios, esta figura se justificaría para inducir ambiciosos planes de desarrollo y atraer una población mucho más numerosa. No dudamos de la buena voluntad del Presidente al querer establecer un mayor equilibrio demográfico y político, pero existen innumerables investigaciones que establecen, sin asomo de duda, la estricta necesidad de intervenir lo menos posible las contadísimas regiones selváticas generadoras de oxígeno y fuentes hídricas que aún quedan en nuestro moribundo planeta y que pronto valdrán más que el petróleo y todos los recursos minerales juntos.

Por otro lado, el territorio federal responde a una concepción eminentemente vertical de derecha y presidencialista que estuvo en vigencia en el pasado, cuando se consideraba al indígena incapaz de gobernarse por sus propios medios. Sé que no está en el espíritu de la propuesta, pero la norma resultante pudiera reconducirnos a un estado de cosas que los movimientos indígenas internacionales han logrado superar al cabo de medio siglo de heroicas luchas reivindicativas que finalmente cndujeron a la promulgación de septiembre de este año, por parte de la ONU, de la Declaración de los derechos de los pueblos indígenas, firmada por la amplia mayoría de los países, menos Estados Unidos. La responsabilidad internacional de Venezuela con su proceso de cambios revolucionarios y su compromiso con los pueblos oprimidos del mundo pasa por evitar cualquier apariencia de regresión a un orden mundial racista, donde los pueblos indígenas y tradicionales estaban condenados a la invisibilidad, la prescindibilidad y la precariedad, ultimadamente, a su extinción o disolución final en el seno de grandes masas humanas amorfas y anónimas. Recordemos que el espíritu del artículo 100 de la propuesta exige el reconocimiento pleno de nuestras raíces americanas, europeas y africanas.

El Nacional, 22-10-07.

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