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FIRMAS DE FaCES

Imaginario jacobino bloquea la transformación / Javier Biardeau

Imaginario jacobino bloquea la transformación / Javier Biardeau

"En Francia, la pequeña burguesía realiza las tareas propias de la burguesía industrial, y los trabajadores, las de la pequeña burguesía. ¿Y quién resuelve las tareas de los trabajadores? Esta obligación en Francia queda en mera proclamación". (Marx, sobre la revolución de febrero de 1848.)

El imaginario jacobino propio de la modernidad, con su culto a jefaturas centralistas, a la concentración de poder en el vértice de la pirámide del sistema (vanguardismo), es un obstáculo, y coloca las tareas de la construcción de un vasto poder popular, diverso, con autonomía y potencia-iniciativa revolucionaria en la cola del vagón del socialismo bolivariano. Poder popular que implica autonomía y acumulación de fuerzas de los diversos movimientos sociales que lo componen: mujeres y hombres trabajadores, subempleados, campesinos, indígenas, estudiantes, profesionales y técnicos progresistas, entre otros; de mujeres con sus específicas demandas, de creadores culturales, intelectuales y demás expresiones de organización popular, que no pueden confundirse con clientelas que suman su lealtad a cambio de prestaciones utilitarias.

Ni el quinto motor de la explosión del poder comunal, si los consejos comunales y la democracia de consejos escapan a una visión centralizadora-concentradora de la dirección del proceso revolucionario, lo que implica reconocer que los nudos estratégicos de la revolución venezolana se traman desde arriba, con una participación limitada-tutelada de los sectores, grupos y clases subalternas que componen el movimiento pro revolucionario.

El proceso bolivariano ha significado un indudable avance frente a las pretensiones del proyecto neoliberal de democracia gobernable de los años noventa, que desde los intereses más rapaces del patronato consular, impulsaba la liquidación simbólica del poder popular por la idílica sociedad civil de individuos-propietarios. Sin embargo, los conflictos que emergen ponen en evidencia los alcances y límites de un cambio estructural dirigido desde arriba, desde el vértice de la pirámide, sin contar con la iniciativa y el protagonismo real del poder popular de los diversos movimientos sociales.

Así mismo, el poder imperial viene calibrando las fortalezas y debilidades de la revolución bolivariana, y su alta dependencia de una cada vez más excluyente conducción estratégica del presidente Hugo Rafael Chávez Frías.

La ausencia de una dirección colectiva, del intelectual colectivo, se sustituye por un socialismo de Estado bajo el cesarismo plebiscitario, que dirige los destinos del país.

Tanto el líder que recae en el mito-cesarista, como el pesado lastre de la nueva capa burocrática que controla el aparato de Estado y demás instituciones, ahogan el salto cualitativo del poder popular organizado. Esto se traduce en:

a) El dominio económico de una nueva burguesía de Estado, parasitaria o para-estatal.

b) Actuaciones bajo parámetros clientelares.

La revolución bolivariana instaurada desde hace más de 8 años se mueve erráticamente entre:

a) Una movilización populista clásica, con una dirección cesarista-jacobina inspirada en las experiencias velasquistas (República de Perú), en el cardenismo mexicano y en los mitos del castrismo redentor (Cuba) en América Latina.

b) Una revolución pasiva velada, con una dirección aún poco visible de sectores nacionalistas de derecha, como sucedió en el seno del MNR boliviano.

c) Las expectativas de una revolución antiimperialista, democrática y socialista, que en América Latina implica sortear los fantasmas de la frustrada experiencia de la Unidad Popular, y lograr sellar la conexión entre democracia, revolución y socialismo.

Sin este nudo estratégico, la revolución bolivariana flaquea erráticamente en la deriva cesarista-populista; es decir, en personalismo, burocratismo, nuevo patronato capitalista y clientelismo.

El Nacional, 20-10-07.

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1 comentario

Gendrik Moreno H -

Estimado prof. Biardeau, saludos. Desde que leo sus sustanciosos artículos, me ha llamado poderosamente la atención -y no sólo es una postura suya- de que hay élites onclusive dentro e la revolución que indefectiblemente desde el vertice de la piramide, llevan los hilos conductores de la masa pueblo que que como sujetos de maniobra se movilizan socialmente bajo determinadas directrices, en usted hay una critica hacia esta posición aduciendo que tiene que haber algo asi como una movilización de la masa-pueblo organizada casi como espontaneamente, que desde sus potestad particulares artyiculen un discurso performativo que consolide el movimiento popular desde las propias bases y no de forma verticalizada y burocratizada, pero... ¿usted no se ha puesto a refleonar sobre la posibilidad realmente existente de que las eprsonas de carne y hueso, humanos demasiado humanos, de la concreta vida cotidiana no quiere, no pueda, o no se le de la real gana de participar, traslucinedo un diclocamiento entre las políticas publicas o la ideología o cosmovisión hegemonmica actual y el magma fundamental de la sociedad?
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