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FIRMAS DE FaCES

Escasez e inflación / José Guerra

Escasez e inflación / José Guerra

El aumento de los precios tiene dos caras. Una visible que se expresa en las cifras que mide y publica el Banco Central de Venezuela, la otra la oculta en el desabastecimiento. Las causas de la inflación en Venezuela están claramente identificadas, al prevalecer los déficits fiscales, el financiamiento monetario y  la devaluación del tipo de cambio. Sin el entendimiento de estos elementos es muy difícil diseñar y aplicar políticas para abatir la inflación y por esa razón es que se observa a las altas autoridades monetarias y fiscales dando bandazos, disminuyendo el IVA o intensificando los controles de precios y de cambio cuando es visibles que tales medidas nada pueden hacer para detener el alaza de los precios. La inflación es un enemigo de la economía toda vez que afecta la competitividad al hacer más barato lo bienes importados y encarece nuestros productos en el mercado internacional, disminuye los salarios reales e impacta negativamente sobre la recaudación tributaria con lo cual se agudiza el desequilibrio fiscal. También la inflación incide sobre la   asignación de los recursos al hacer más rentable actividades que socialmente no son las más apropiadas para un país. Por estas razones la lucha contra la inflación hay que tomarla muy en serio.  Pero al lado de la elevación del costo de la vida, en Venezuela se está agudizando otro fenómeno, que guarda relación con la cara oculta de la inflación: la escasez. Ésta es cuantificada por el BCV pero sus datos desafortunadamente no se publican. La escasez de los productos de primera necesidad es un fenómeno típico de las economías fuertemente reguladas por el Estado, de las cuales los episodios socialistas, al estilo cubano, constituyen los ejemplos más notorios. En una economía socialista y estatista se destruye el incentivo para producir toda vez que es el gobierno, de manera centralizada, quien decide qué y cuánto se produce. Con motivo de la insuficiencia de leche, carne, huevos y azúcar, entre otros rubros, hemos visto a los venezolanos haciendo colas interminables de horas para adquirir unos cuantos bienes. Ello representa un costo enorme de horas hombre perdidas miserablemente que bien han podido dedicarse a la actividad productiva en lugar de haberse consumido en búsqueda de alimentos que ahora no están disponibles. Desde las filas del gobierno se ha proclamado que la escasez obedece a una conspiración sin que los funcionarios tomen en consideración el rotundo fracaso  de una política agrícola que en principió estimuló la ocupación de fincas y la consiguiente   destrucción de la capacidad productiva para luego establecer un estricto control de precios y  posteriormente instalar una especie de economía de puerto al fomentar importaciones, que  han hecho de Venezuela un inmenso depósito de mercancías venidas de todas parte del mundo y que están estrangulando la rentabilidad de los sectores agrícola e industrial. Estos bienes importados actualmente lucen baratos pero mañana resultarán caros cuando que forzosamente haya que ajustar el tipo de cambio, como inevitablemente sucederá en Venezuela. Con todos los recursos que el Estado ha dedicado al financiamiento de fundos zamoranos, hatos florentinos, cooperativas agrícolas, empresas de producción social y   núcleos endógenos, Venezuela debería tener garantizado el abastecimiento de los bienes alimenticios esenciales. Pero no lo tiene porque esas unidades han sido un fisco y fuente de corrupción y además porque nadie va a invertir recursos en la actividad agropecuaria en un contexto de controles de precios asfixiantes   y con el riesgo que sus bienes sean expropiados y confiscados por la acción de un gobierno hostil a la iniciativa privada y que en lugar de ver a quienes se atreven a invertir como aliados los valoran como oligarcas, enemigos a los cuales hay que destruir. Ante ello, el ministro de alimentación, Rafael Oropeza y el presidente del Indecu, Samuel Ruth, desconociendo los aspectos elementales del funcionamiento de los mercados, al igual que otros funcionarios de gobiernos anteriores, como siempre atribuyen a otros la culpa de la escasez sin comprender que en el fondo del problema está el control de precios,   política ésta que inauguró el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez y del cual Hugo Chávez ha resultado ser un excelente discípulo.

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