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FIRMAS DE FaCES

Barrabás / Arlán A. Narváez R.

Barrabás / Arlán A. Narváez R.

Dicen que Fernando Alonso, quien perdió este año el campeonato mundial de Fórmula 1 ante Kimi Raikkonen, ha pedido venir a Venezuela para empezar su entrenamiento hacia la reconquista del título el año que viene. Según parece tal preparación la hará en nuestra Asamblea Nacional, en vista de la alucinante velocidad con la que no solamente le dieron 3 "discusiones" a un proyecto de reforma constitucional presentado por iniciativa presidencial, sino a una cantidad mayor de artículos que contrabandearon a los presentados originalmente.

El ejemplo de rapidez no se queda allí sino que se extiende al cortísimo período que se dará a los venezolanos para que lean, entiendan, asimilen y decidan sobre al conveniencia o no de una transformación tan profunda del marco legal fundamental que rige la esencia, las relaciones y el funcionamiento del país, su Constitución.

Resulta terrible la irresponsabilidad, ligereza, burla y descaro con los que se pretende abusar de la buena fe del pueblo para que deposite su voto, aún sin saber por qué votando ni las implicaciones de lo que se aprobaría, y de esta forma ponerle vestimenta "democrática" al exterminio de principios esenciales de nuestra democracia, como lo son la descentralización y la alternabilidad en el ejercicio del poder, y la pluralidad ideológica, en abierta violación de lo que contemplan los artículos 2 y 6 de la Constitución vigente.

En foros y eventos públicos he manifestado que Venezuela está en las puertas de pasar a la historia como la única sociedad en toda la trayectoria de la humanidad que, en ejercicio de la democracia exterminará su democracia, y que, en ejercicio de sus libertades, exterminará sus libertades.

En honor a la justicia, lo anterior no es estrictamente cierto, ya que ese ejercicio democrático, en los términos en que se realizará el referéndum, está cuestionado; primeramente por la cuestionable neutralidad del "árbitro", el CNE y la pureza del registro electoral; en segundo lugar por la grosera manipulación del pueblo que se hace, presentando la reforma como un asunto de reivindicaciones laborales o como un concurso de respaldo al presidente, particularmente ocultando que no es el presidente lo que se cuestiona sino el proyecto de país que se expresa en tal reforma. A esto último agréguele el abuso mediático del presidente y del gobierno, en el interminable programa de los domingos, en las constantes cadenas diarias y en la programación de las emisoras del Estado.

Limita también el ejercicio democrático la división de los sectores que se oponen mayoritariamente a la reforma pero que no van a participar en la consulta por apatía (aunque esto pueda resultar incomprensible e insólito), por abatimiento o derrotismo anticipado, o por pensar que la abstención deslegitimaría el resultado, argumento muy inconsistente, especialmente en elecciones que no tienen quórum de participación, puesto que con esa lógica buena parte de los gobiernos del mundo, incluido el de los EUA, podrían ser calificados de ilegítimos. Además, como consecuencia de la abstención pasada, la reforma podrá contar en la Asamblea Nacional con más de los 2/3 que requiere su aprobación, y si hubiera tenido mayor "éxito", hoy tendríamos gobernadores y alcaldes oficialistas en Zulia, Nueva Esparta, Chacao, Baruta, etc.

Volviendo a lo más vergonzoso de la farsa que se pretende consumar con la consulta, la manipulación del pueblo, hay que reconocer con tristeza que el pueblo pareciera ser fácilmente manipulable, como se demostró cuando "escogió", manipulado por sus dirigentes, condenar a un hombre inocente, llamado Jesús, y a cambio liberar a un peligroso asesino llamado Barrabas; o como cuando decidieron ir a una guerra que causó más de 40 millones de muertes, enardecidos y eufóricos ante los inflamantes discursos y el carisma de su líder, Hitler. No hace falta ir muy lejos, lo más cruel del asunto es que se trata de una práctica vergonzosa que en Venezuela hemos exaltado bochornosamente en nuestra historia, cuando vemos con admiración que el cura Madariaga manipuló la voluntad del pueblo congregado en la Plaza Bolívar instándole a decir que sí querían que Emparan renunciara, aunque no supieran lo que estaba pasando.

La trascendencia de la decisión que se exige al pueblo requiere tiempo, reflexión y conciencia. No queremos que Madariaga nos manipule para escoger a Barrabás. ¡Cosas veredes, Sancho!

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