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FIRMAS DE FaCES

Estudiantes / Elsa Cardozo

Estudiantes / Elsa Cardozo

Al caminar con ellos, entre ellos, al escucharlos antes y después de cada faena, se siente lo mejor del impulso vital; el que es propio de un empeño sano, genuino y firme. Esto, tan vivo hoy entre nosotros, parece tener raíces profundas, larga historia. Así lo registraba hace muchos años Germán Arciniegas: "El estudiante tiene una biografía de cinco siglos. No asalta posiciones, sino que remoza las que le pertenecen por conquista milenaria".

Son líneas de las últimas páginas de El estudiante de la mesa redonda (1932), el primero de los libros del humanista colombiano. A través de su hermoso texto, el testigo cercano de los movimientos universitarios que conmovieron el continente entre 1918 y 1928 nos lleva de la mano en un recorrido por los eventos cruciales, del siglo XII al XX, revisados a la luz del papel que los jóvenes estudiantes desempeñaron en ellos.

Se remonta el autor a los siglos XII y XIV, cuando los precoces adalides de las órdenes mendicantes -franciscanos y dominicos- se hicieron oír ante las asambleas doctorales. Quienes les sucedieron fueron -a su vez- desafiados por los universitarios, opuestos al imperio de los letrados. Luego, aquellos jóvenes se enfrentaron a los soldados que los reprimieron y al sistema que los orientaba a las corporaciones artesanas, mientras los alejaba de las tareas intelectuales.

El sueño era "domina r el mundo desde los bancos de la escuela".

Andando el siglo XV, ya en marcha la Inquisición, el estudiante se escapa del convento universitario. Siente que "afuera están las primeras experiencias; adentro, las viejas especulaciones". Muchos se anotan en la aventura de navegar y descubrir.

Entre los siglos XVI y XIX, los estudiantes y letrados se encuentran entre quienes participan en la conquista y la colonización: asisten en la organización del viaje, muchos pasan a comandar tropas con la misión de explorar y otros actuarán como seminaristas, santos maestros. Son los años de la fundación de las universidades de ultramar; universidades que, marcadas por el control eclesiástico, presentaban una perspectiva falsa de la ciencia, se desligaban del desarrollo del pensamiento europeo y censuraban la lectura y la escritura. Es una enorme muralla contra la que van a irrumpir los jóvenes durante la revolución por la independencia. Ya no se trataba sólo de la necesidad de revisar el conocimiento de los sabios o de reformar la universidad: era la exigencia de independencia, que se vinculó naturalmente a una concepción universitaria republicana. "Sobre la raya misma de la última victoria de la guerra de independencia quedó definido el campo de la juventud", escribe Arciniegas, para luego recordar que los estudiantes estaban entre quienes condenaron la dictadura de Bolívar.

Desde mediados del siglo XIX hasta el siglo XX, fueron muchas las situaciones en las que los estudiantes latinoamericanos fueron actores políticos de gran significación en los vaivenes de sus repúblicas.

Hoy, ante la amenaza de clausura de la democracia, volvemos a ver en Venezuela un movimiento estudiantil que -con su propia circunstancia y méritos- emerge como conciencia cívica que recoge las mejores y más contagiosas aspiraciones identificadas en las primeras páginas del recorrido de Arciniegas: el deseo de libertad, el sentimiento de justicia y la sabiduría del pensamiento insumiso.

El Nacional, 11-11-07.

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