Blogia
FIRMAS DE FaCES

Yo, el novio de la madrina / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Yo, el novio de la madrina / Ignacio Ávalos Gutiérrez

I/ Desde los lados de la izquierda, la propuesta de reforma de la Constitución Nacional se ve aún peor que desde otros lugares del espectro político.  Peor, digo, por la manera como aumenta los poderes del Presidente de la República, además de que los libera casi de cualquier control. Así, el Presidente es Jefe de Estado, Jefe de Gobierno, Administrador de la Hacienda Pública y del Presupuesto Nacional, Jefe Máximo de la Fuerza Armada con poder para intervenir en todas sus unidades y decidir los ascensos de sus oficiales, creador de Nuevos Entes Territoriales y Poderes Públicos, autoridad competente para nombrar a cuantos vicepresidentes estime necesarios, contralor y director del Consejo Nacional de Gobierno y del Consejo de Estado, además de otras atribuciones que se me olvidan.  Y, por si no bastara, la propuesta plantea que el Presidente puede ser re-elegido hasta que su cuerpo aguante (¿qué te parece, Diosdado?).

Peor, así mismo, por la manera como burocratiza y controla el movimiento popular (¿hay algo más ajeno a la izquierda?), al incluir diversas disposiciones que amarran el llamado Poder Popular a las atribuciones del Presidente, con lo cual no solamente éste engorda aún más sus facultades, sino que se vulneran las de la gente, echando para atrás - es bueno llamar la atención sobre ello -, procesos importantes de "empoderamiento" popular, un logro importante, sin duda, registrado en estos últimos tiempos, impulsado en el marco del chavismo.

Y se ve peor, por citar sólo un último aspecto, por la ostensible militarización que plantea para la sociedad venezolana al consagrar una nueva doctrina, en virtud de la cual se expresa que la Fuerza Armada, incluyendo a la milicia popular bolivariana, queda encargada del orden público y la paz interna, cumpliendo el rol de policía administrativa y teniendo, además, responsabilidades en materia penal, a fin de salvaguardar los intereses del Estado socialista, mientras vaya usted a saber que será de los derechos humanos.

II/ En suma, la arquitectura institucional diseñada en la reforma, no es tanto la de un país socialista, como la de un país que se hace oficialmente autocrático. Una arquitectura, digo, que apunta, en su esencia, a un cambio en las relaciones del Estado con la sociedad, en detrimento de ésta, amenazando con romper el modus vivendi normativo que debe garantizar toda Constitución. Una arquitectura que, por otro lado, no guarda relación de incidencia sobre las tareas que tiene pendientes este gobierno (me refiero seguridad, empleo, inflación y esas cosas ) demasiado entregado a la épica revolucionaria, mientras se deja empantanar cada vez más  por la "terquedad de los hechos", según gustaba recordar a cada rato Lenín.

Estamos, entonces, frente a un texto inspirado por la vanidad de quien se cree cuarto bate y novio de la madrina.  Fundamentado, si admitimos la hipótesis más benévola e inocentona, en la arrogancia del hombre necesario, imprescindible y casi infalible, para que pueda tener lugar el proceso de cambio del país, hipótesis que, por cierto, mastican y tragan, con espinas y todo, los dirigentes del PSUV.  Un texto armado, así pues, alrededor de esa extraña tesis política, según la cual la gobernabilidad democrática del país depende de la concentración del poder en una persona que, además, puede permanecer en su cargo por todos los siglos de los siglos, amén.

Se trata, en fin, de una propuesta que tiene poco que ver con las concepciones de la izquierda contemporánea. Al contrario, fotocopia algunos de los rasgos importantes que malograron al socialismo del siglo pasado y lo convirtieron en la negación del proyecto humanista que representaba.

Lo dicho, pues: es que desde los predios de la izquierda esta reforma tiene aún peor semblante.

Harina de otro costal/ Lo de Baduel es historia en pleno desarrollo, aún da pie para conjeturas y adivinanzas. Por ahora tenemos, en el marco de una revitalizada polarización, que la santa inquisición chavista lo llama traidor, en una demostración notable, sin duda, de tolerancia democrática por la disidencia, mientras  tenemos, por otro lado, que ciertos sectores de la oposición, no todos, es justo decir, lo siente como la encarnación del héroe necesario para tomar el atajo político - envuelta en insurgencia militar en este caso -, otra demostración igualmente notable del espíritu democrático que la anima.

Este país da como susto, ¿no?

El Nacional, miércoles 14 de noviembre de 2007.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres