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FIRMAS DE FaCES

Petróleo y dólares / D. F. Maza Zavala

Petróleo y dólares / D. F. Maza Zavala

La persistente depreciación del dólar de Estados Unidos ha generado dudas sobre la conveniencia de continuar cotizando el petróleo en términos de la divisa norteamericana y, en relación con ello, la de mantener en proporción mayoritaria en dólares las reservas monetarias internacionales. La debilidad de esa divisa, que no es cosa reciente, obedece principalmente al doble déficit que padece la economía central del mundo actual: el comercial (más importaciones que exportaciones) y el fiscal (exceso de gasto público). Es poco usual que una economía de tan elevada productividad y con dólar depreciado sufra de un balance comercial desfavorable. Es posible pensar que los déficit mencionados estén interrelacionados.

Desde hace bastante tiempo se analiza la posibilidad de expresar los precios del petróleo en una cesta de monedas, que estaría compuesta, en alguna proporción, por las monedas de los propios países exportadores, y desde luego el euro, el yen, la libra esterlina, quizá el yuan chino y el dólar; sin embargo, la fuerza de la costumbre, la relativa confianza en el dólar, la influencia de la economía de Estados Unidos y de la política de su gobierno, entre otras cosas, hacen difícil tomar una decisión al respecto. Las transacciones sobre petróleo se liquidan en dólares y el acceso al mercado norteamericano es siempre un atractivo muy fuerte. Probablemente el argumento más convincente para sostener la divisa estadounidense es la inmensa acumulación de reservas internacionales en esa moneda, cuyo valor se deterioraría mucho más si se adoptara una decisión como la que comento. No obstante, habrá que inventar algún dispositivo que permita, aunque fuera parcialmente, compensar la depreciación del dólar.

En nuestro caso, aunque se han hecho esfuerzos para diversificar las reservas monetarias internacionales, la mayor parte se mantiene en dólares; en la actualidad nos favorece la revalorización del oro, activo de reserva que representa una proporción significativa del total. El problema del euro es que fluctúa sensiblemente. En general, los países procuran que su moneda sea estable y no tan fuerte, para facilitar la competitividad de su economía. Es una paradoja que la fortaleza de una moneda no ayude a la competencia de sus productos, aunque pueda favorecer la importación, como el propio caso del petróleo lo manifiesta. Para Venezuela un bolívar realmente fuerte permitiría obtener el suministro de bienes de capital, insumos y tecnología a menos costo monetario; pero no favorecería la exportación fuera del petróleo.

Venezuela hace bien en diversificar sus fuentes de importación y sus mercados de exportación, para lograr un óptimo de ventajas comerciales. Sin embargo, la obsesión por el dólar es cada vez mayor, hasta el punto de que no sería exagerado hablar de dolarización virtual. Los residentes en Venezuela mantienen activos en dólares, por un total aproximado de 130.000 millones y persiste, a pesar del control integral de cambio, la fuga de capital privado.

La relación económica entre Venezuela y Estados Unidos se desenvuelve sin mayores contratiempos, no obstante la tensión de las relaciones políticas. Prácticamente estamos ubicados en la zona del dólar y nuestro balance comercial con aquel país es favorable, en virtud de la exportación de petróleo a precios crecientes.

Todo parece indicar que esta situación persistirá en el futuro previsible. En la perspectiva de mediano alcance no se vislumbra cambio alguno en la forma de cotización del petróleo ni en la acumulación de reservas monetarias, principalmente en la divisa estadounidense. Muy pocos parecen tener interés en la mayor depreciación de esa divisa.

El Nacional, 21-11-07.

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