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FIRMAS DE FaCES

Si yo fuera el presidente Chávez / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Si yo fuera el presidente Chávez / Ignacio Ávalos Gutiérrez

I/ Auscultaría con cuidado los resultados del domingo pasado.

Sabría que no me puedo equivocar en la lectura de las señales que se me envían desde las máquinas de votación, puede que me juegue allí el futuro del gobierno.

Miraría las cifras sin dejar que el ego interfiriera en su interpretación.

Y las observaría ignorando la opinión de mis colaboradores más inmediatos, siempre propensos a dorarme la píldora, temerosos de que me de por matar al mensajero.

II/ Sacaría papel y lápiz para desentrañar la aritmética de las votaciones del 2 de diciembre.

Me metería entre ceja y ceja que una derrota es una derrota, no hay retórica capaz de disfrazarla, tampoco de minimizarla.

Admitiría que a siete de cada diez venezolanos no apoyaron mi proyecto de reforma constitucional.

Me asustaría constatar que la propuesta de reforma obtuvo tres millones menos de votos con relación al total de sufragios obtenidos en los comicios presidenciales del año 2006.

Me preocuparía enormemente constatar, entonces, que la no aprobación de mi propuesta no se debió tanto a la oposición, como a la falta de apoyo de buena parte de mi gente, gente que voto por el NO o que se abstuvo, en gran medida en los sectores populares, en donde yo arrasaba.

En suma, me alarmaría por el hecho de que los venezolanos que votaron por mi siempre, no lo hicieron en esta ocasión a favor de mi propuesta.

III/ Trataría de indagarlas razones  por las que ocurrió lo que ocurrió.

No daría por satisfecho diciendo que la máquina electoral no estaba bien aceitada, que el Comando Zamora se confió demasiado, que el PSUV no dio la talla o que La Hojilla no sea un buen lugar para dirigirme a los venezolanos, aunque todo ello puede que sea verdad.

Ni diciéndome que todo se explica por el bombardeo mediático, cuando todos sabemos que yo ahora dispongo, en este plano, de mucho más poder de fuego que mis adversarios.

Tampoco creyendo que esta reforma constitucional fue inoportuna, que debió hacerse más tarde hasta esperar que el pueblo venezolano alcance el nivel de conciencia necesario para entenderla y aceptarla, algo así como su punto de ebullición político.

O, peor, pensando, como lo insinuó un alto funcionario, que nuestra sociedad aún no es digna de semejante propuesta, que le queda muy grande todavía.

Me pasearía, entonces, por la posibilidad de que la propuesta de reforma no fue aceptada porque no le gustó a la gente, ni más ni menos.

La revisaría, en consecuencia, teniendo ojos para ver y oídos para escuchar los que ocurre en las calles.

Examinaría por que resultó indigerible la propuesta del socialismo siglo XXI, incluso para mis partidarios.

Me quitaría de la cabeza la idea de seguir tal cual con mi proyecto bolivariano.

Que los resultados del domingo sólo me obligan a un repliegue táctico y no a una revisión de fondo en todo lo relacionado con la re-elección, lo relacionado con la concentración del poder y con tantos otros aspectos, los cuales tocan aspectos sensibles de la vida venezolana.

IV/ Estaría conciente de que cambio de la cartografía política venezolana.

De que los resultados le cimbraron el piso a la política simplista y binaria, a la del chavismo-antichavismo, a la de estas conmigo o contra mi, a la de yo o el imperialismo.

De que los estudiantes no pueden despacharse diciendo que son los cachorritos de la oligarquía.

De que Podemos es una pandilla de traidores.

De que Baduel habla, un día sí y un día no, con el Pentágono.

De que toda la oposición piensa siempre en cómo transitar los caminos verdes del golpismo.

En fin, estaría persuadido de que hay una nueva realidad política en la que el factor más importante puede que sea el chavismo crítico, el que se expresó antier, votando o absteniéndose.

V/ Aceptaría, en fin, que en los resultados influyó el hecho de que mi gobierno se está comenzando a percibir como un mal gobierno (con una dosis inaceptable de corrupción e ineficacia), incluso en los sectores populares.

Que hay que retomar el proceso de cambio por el cual votó la gente en el año 98, sin las desviaciones épicas que se vienen observando en los últimos tiempos.

Que a lo mejor tengo que volver a ser el Chavez del principio, no éste engrandecido llamado a grandes batallas que tan poco tienen que ver con las pretensiones de la gente.

Que tal vez sería conveniente tomarme una pastillita diaria de realismo y otra de humildad a fin de poder volver a conectarme el país.

El Nacional, miércoles 5 de noviembre del año 2007.

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