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FIRMAS DE FaCES

Conversación en la funeraria / Ignacio Ávalos Gutiérrez

Conversación en la funeraria / Ignacio Ávalos Gutiérrez

I/ Hace pocos días asistí al velorio de una persona que no conocía, de hecho la ví por primera vez en la urna, obligado, llevado casi a empujones, por alguien que seguramente me confundía con un pariente cercano.  Fui hasta la funeraria debido a mi relación estrecha con un primo del difunto. No conocía a nadie y mi permanencia en el sitio transcurrió como testigo mudo de la conversación de tres personas que portaban cara de economistas, con doctorado y todo, y cuyo diálogo parecía llevar ya un rato, antes de que yo llegara con mis credenciales de asomado.

II/ Cada quien tiene un cuerpo, que alquile su vientre, o venda sus córneas, un pulmón, un riñón, el hígado, es que tener un cuerpo es como tener una empresa.  Así transcurría su plática y no parecía haber diferencias entre ellos, se complementaban continuamente, más o menos en el siguiente tono.

Este es un tema central hoy en día, afirmaban. Hay una gran demanda por el transplante de órganos, pero una oferta muy limitada.  A pesar de nuestra incapacidad para producir órganos y sangre, no puede hablarse de una escasez insuperable. En realidad, existe suficiente gente en el mundo para satisfacer la demanda, pero ello no está sucediendo. ¿A qué se debe, entonces, este desabastecimiento?  La razón, se contestaban así mismos, es que no hay un mercado en donde se puedan compran y vender órganos. Se podría terminar con la escasez de órganos recurriendo al mercado, no hay que darle más vueltas al asunto, esto no significa otra cosa que reconocer, en otras palabras, que cada quien es el propietario de su propio organismo y es, por tanto, muy libre de vender un riñón o medio litro de sangre, si así lo desea. El Premio Nóbel de Economía Gary Becker, citaban buscando refuerzo, ha propuesto crear un comercio de órganos en el que los posibles donantes encuentren estímulos económicos a la hora de donar. Lo que el mundo necesita es mercado, mercado y más mercado, lo cantaban en coro.

III/ Casi todo, por no decir todo, es susceptible de compraventa y los precios están definidos por la ley de la oferta y la demanda, una ley universal que también debe regir, ¿por qué no?, el trasplante de órganos. Hoy en día, continúan, cuando las necesidades de órganos son superiores a la oferta, ha crecido mucho el mercado negro en varias partes del planeta, mientras la hipocresía moral de los gobernantes los hace mirar hacia otro lado.

Se trata, así pues, dicen los economistas durante el velorio, de ponerle  orden a un mercado que, de hecho, ya viene funcionando.  Y mencionan varios  ejemplos.  En la India, las personas de pocos recursos utilizan los riñones como garantía para pedir dinero prestado. En Sudáfrica, se extraen sin consentimiento los ojos de cadáveres de gente pobre que se encuentra en morgues policiales, luego se los envía a un banco local de ojos y desde allí se los exporta a centros médicos de otros países. Se ha denunciado que en China se extraen los órganos de prisioneros ejecutados  los cuales se venden a receptores pudientes y se sabe que Pakistán exporta riñones que ni te cuento. Y así continúan mencionando ejemplos de transacciones ilícitas que, según ellos, además de socialmente injustas, no solucionan el problema de la poca disponibilidad de órganos.

IV/ Oigo al trío de economistas y constato el agua de tibia de que en los velorios puede tener lugar cualquier conversación, y que el mercado da para todo, incluso para poner orden y civilización el la comercialización del cuerpo humano, otra de las cualidades, quien lo habría de decir, de la famosa mano invisible inventada por el capitalismo. ¿Qué tal?

Harina de otro costal

Llegamos al final de año, un año de mucho brinco, y nos seguimos debiendo un  poco de sosiego. Continuamos siendo un país descosido que se percibe en dos mitades irreconciliables que no encuentran cómo hablarse y acordar algunas cosas básicas, imprescindibles para la vida en común. Para el año entrante seguimos teniendo pendiente, así pues, la tarea de tener una sociedad que, con sus conflictos, líbrenos Dios de no tenerlos, sea capaz de transcurrir más tranquilamente.

A usted que ha tenido la entereza suficiente para leerme durante estas cincuenta y pico semanas, a quien no conozco pero con quien, misterios de este oficio de columnista, tengo una relación entrañable, le deseo un 2008 entretenido y grato, bendecido por la paz, el humor y el amor.

El Nacional, miércoles 26 de diciembre de 2007.

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