Blogia
FIRMAS DE FaCES

economía

¿Un corralito cambiario en Venezuela? / José Guerra

¿Un corralito cambiario en  Venezuela? / José Guerra

Ante el naufragio del sistema de control de cambios aplicado desde febrero de 2003, dos eventos han venido a complicar el manejo de la política cambiaria en Venezuela. Por una parte la decisión de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) de restringir la entrega de divisas y por la otra la aprobación de la reforma de la Ley de Ilícitos cambiarios promovida por la diputada Hiroshima Bravo. El coronel Manuel Barroso, jefe de Cadivi, está aplicando las primeras medidas con el objeto de acentuar el racionamiento en la entrega de la moneda extranjera para lo cual las restricciones a los viajeros es apenas el comienzo. En efecto, el coronel Barroso es un hombre muy poderoso, toda vez que tiene en sus manos nada más y nada menos que la asignación de los dólares, esenciales para que las empresas y las personas realicen sus transacciones externas. Todo ha surgido porque los viajeros e importadores mantienen un permanente exceso de demanda de divisas, lo que en la visión del jefe de Cadivi se aprecia como una irregularidad, por cuanto se usarían los cupos de quienes viajan para luego ser transados en el mercado de permuta. La solución que ha ideado el coronel Barroso es limitar la entrega de dólares a quienes procuran viajar a destinos tales como Aruba, Curazao y Panamá, porque de acuerdo con su criterio nadie puede usar en esos países la cantidad de US$ 5.000 en menos de una semana. De esta manera, el coronel Barroso pasa a determinar lo que una persona de manera libre puede hacer con su dinero.

Es importante recordar a quienes lo han olvidado que medidas de ese tenor fueron adoptadas en la época del control de cambio que estuvo vigente entre febrero de 1983 y febrero de 1989 cuando los administradores de la entonces Oficina de Cambios Diferenciales (Recadi) razonaban igual que el coronel Barroso, sin   ir a la causa del problema. El fondo del asunto no es muy difícil de explicar. Debido al esquema de control de cambio, como era de esperarse, se ha abierto una brecha entre la tasa de cambio oficial y la no oficial, situación que motiva todo tipo de actividades de arbitraje, es decir, la compra de la divisa a un precio y su venta a otro diferente. El tipo de cambio oficial está abiertamente sobrevaluado, lo que quiere decir que el poder de compra del bolívar es mayor en el exterior que en Venezuela por la obvia razón que la inflación en Venezuela es cuatro veces mayor que la inflación internacional, lo que se expresa en el hecho que a los venezolanos los productos importados nos lucen muy baratos. En consecuencia, el bien más asequible para quienes pueden acceder a él es el dólar del mercado oficial y de allí el exceso de importaciones y la vorágine de viajeros ansiosos de usar intensivamente su cupo de divisas, toda vez que hacer turismo en cualquier lugar del mundo es más económico que hacerlo en Venezuela. Se viaja, se traen las divisas que sobran y con ellas, en vista del diferencial cambiario, se cancela el gasto y todavía queda una ganancia.

Ese diferencial cambiario lo formó el mismo gobierno cuando posibilitó que se negociaran las acciones de la CANTV en el mercado externo con lo cual resultaba un tipo de cambio implícito de la operación que se tomaba como referencia para la cotización de un mercado paralelo incipiente. Esa conformación del mercado paralelo se oficializó con la reciente colocación de los Bonos El Venezolano por parte del Ministerio de Finanzas, de lo cual resultó una tasa de cambio cercana a Bs/US$ 5.800 lo que implicó el reconocimiento de la devaluación del bolívar. De esta manera, el mercado paralelo o de permuta existe como una creación del gobierno porque además ha sido el Ministerio de Finanzas, primero bajo la conducción de Nelson Merente y luego de Rodrigo Cabeza, quien ha colocado bonos argentinos a la tasa de cambio oficial  para posteriormente ser negociados a la tasa de cambio paralela.

La solución a la brecha cambiaria no pudo ser peor y provino de la misma diputada que hace unos meses propuso sancionar con cárcel a quienes se atrevieran a decir que la meta de inflación de 12% establecida por el gobierno para este año, no se cumpliría. Ella planteaba que la manera en que no hubiese inflación consistiría en que no se mencionara una cifra distinta a la que había anunciado el gobierno. Resulta que ahora la diputada Hiroshima Bravo ha propuesto que se prohíba y sancione con una multa elevada, la mención, por cualquier medio, de la cotización del valor del dólar en el mercado de permuta cuando éste es una realidad tal como la existencia de la ley de la gravedad, con la cual uno puede estar en desacuerdo pero con ello no niega su vigencia. Todas estas restricciones lo único que van a producir es un ensanchamiento entre los tipos de cambio al introducirse una prima de riesgo que será cargada al precio de la divisa.

Sería aconsejable que la primera actividad de la Asamblea Nacional en sus sesiones del próximo año sea el dictado de un curso elemental de economía para sus integrantes.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Aceleración inflacionaria sin devaluación oficial / Leonardo Vera

Aceleración inflacionaria sin devaluación oficial / Leonardo Vera

A escasos días de entrar en un inédito proceso de reconversión monetaria, la economía venezolana registra un proceso de aceleración inflacionaria que amenaza con socavar muy tempranamente las pírricas bondades del cambio en la unidad de cuenta de la moneda. La inflación ha ido subiendo consecutivamente en los últimos cuatro meses y se posó en noviembre en 4,4%, la tasa más elevada de los últimos 57 meses, apenas por debajo de la inflación registrada en febrero del año 2003 cuando el gobierno decidió devaluar la paridad bolívar-dólar oficial en casi 20%. En otras palabras, la inflación se acelera para remontar umbrales similares a los registrados en choques devalúa torios, sin que haya ocurrido oficialmente una devaluación y justo en un momento cuando la estabilidad en los precios es esencial para sembrar confianza en la nueva moneda.

La inflación, aún reconociendo sus múltiples causas y manifestaciones, es en esencia un síntoma de desequilibrios y fallas crónicas de coordinación. Venezuela acumula un historial inflacionario lo suficientemente largo como para que estos mecanismos impulsores y propagadores puedan ser reconocidos. Los reduccionismos en este campo no ayudan. Uno de los más perniciosos es creer que el anclaje nominal del tipo de cambio es suficiente. Esto nos llevó al precipicio en el año 2002 -cuando el ejecutivo no tuvo más remedio que autorizar la devaluación del bolívar-, nos precipitó por la misma ruta en el 2003, y para nadie es un secreto que el escenario hoy día no está libre presiones. El exceso de mercado líquidos, producto de la mezcla de bonanza de recursos con control de cambio, sin la menor duda es un problema, pero para atacarlo vale más cimentar la confianza en la economía y estimular la producción y la oferta interna de bienes, que perseguir al sistema de libre empresa nacional y promover alzas en sus costos. Balancear el presupuesto público de ingresos y gastos usando impuestos con efectos en cascada como el ITF (y en medio de precios del petróleo esperados al alza para el próximo año) es un sin sentido. Ignorar el papel que juegan las expectativas, sobre todo cuando el público observa la brecha creciente entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio paralelo es una costosa necedad. No menos importante es carácter "inercial" de la inflación en la economía venezolana, pero vale la pena recordar que éste está muy lejos de ser combatido con controles de precios. Los controles, terminan siendo contraproducentes, pues no estimulan la oferta interna de bienes y servicios, exacerban los cuellos de botella y, en empresas multi-productos, estimulan conductas defensivas que a la larga se traducen en incrementos en los rubros no-controlados. En el mejor de los casos -si a esto se le puede llamar mejor-  conducen al desabastecimiento. En definitiva, jamás en Venezuela, el persistente flagelo ha sido tan mal comprendido, tan mal interpelado y tan incompetentemente manejado como hoy.

¿Casa de la Moneda sustituirá mil 800 millones de billetes? / Ronald Balza Guanipa

¿Casa de la Moneda sustituirá mil 800 millones de billetes? / Ronald Balza Guanipa

Según nota de la ABN, fechada el 11.11.07, el Gerente General de la Casa de la Moneda de Venezuela informó que "cerca de cuatro mil millones de monedas y mil 800 millones billetes entrarán en circulación en Venezuela durante la reconversión monetaria a ejecutarse el próximo 1 de Enero del 2008". Puesto que la nota enfatiza sobre el objetivo de suplantar o sustituir "toda la masa monetaria", sorprende que el número de nuevas piezas supere al de las viejas. En noviembre de 2007 el BCV informaba que circulaban 2.777 millones de monedas y 898,9 millones de billetes, con lo que tras la reconversión el número de monedas aumentaría en 44% y el de billetes en 100%. Ello sorprende por lo siguiente:

1/ Uno de los objetivos de la reconversión, según la Asamblea Nacional (10.08.07), era colocar el número de billetes per cápita entre 12 y 16. En noviembre de 2007, con una población de 27.688.437 personas, el BCV contaría 100 monedas y 32 billetes por persona. Tras la reconversión ambos indicadores subirían a 144 y 65, respectivamente. El objetivo no se habría cumplido.

2/ No se conoce aun la cantidad de piezas de cada denominación. Hasta ahora facilitar pagos exactos ha sido la razón aducida para acuñar céntimos y otras monedas fraccionarias. Para satisfacer este único requisito puede postularse un criterio simple: la cantidad de dinero expresada en una denominación debe ser igual o menor a la correspondiente a las denominaciones inferiores. Esta criterio  ha sido expuesto en Balza (2007) y llamado condición de no redondeo. Aplicándola para expresar los Bs. 18.421.142 millones que circulaban en efectivo en Venezuela en noviembre de 2007 se habrían requerido al menos  4.713,2 millones de monedas y 1.162,8 millones de billetes[1], es decir, al menos 2.200 millones de piezas más que las efectivamente registradas por el BCV. En el gráfico son notorios los déficits de monedas de menor denominación: Bs. 10 y Bs. 20 (Gráfico).

Es posible que dicho déficit haya sido intencional, a diferencia del estimado para otras piezas. Según cifras del BCV, en marzo de 2007 sólo 0,46% de los 22.529 precios y tarifas del IPC del Área Metropolitana de Caracas alcanzaban Bs. 150 o menos. Sólo 5,52% alcanzaba los Bs. 1.000 o menos. Es posible que así como el BCV inició la sustitución de los billetes de Bs. 1.000 por monedas, se propusiera descontinuar las monedas de menor poder de compra. Esta hipótesis choca, sin embargo, contra la decisión de acuñar monedas de Bs.F. 0,01, equivalentes a la de Bs. 10. Es necesario conocer la proporción de monedas fraccionarias dentro de las 4.000 millones de nuevas monedas para reconsiderar la pertinencia o no de tal hipótesis.

3/ La emisión del billete de Bs. 100.000 contribuiría a reducir el número de monedas necesario en noviembre de 2007 a por lo menos 2356,6 millones, y el de billetes a 673,5 millones. Con ello el número de piezas necesarias (manteniendo el resto del cono actual) sería de al menos 3.030,1 millones de piezas, casi la mitad del mínimo necesario sin dicha denominación. Según la Casa de la Moneda, con la reconversión se pondrán en circulación 5.800 millones de piezas, no quedando clara la razón ni la ventaja del cambio.

4/ Aplicando la regla de no redondeo sobre el cono monetario "reconvertido" y un monto de Bs.F 18.421,142 en efectivo, el número mínimo de monedas y billetes requerido sería de 1205,3 millones y de 673,5 millones respectivamente. Nótese que el número de billetes es el mismo del punto anterior. La menor cantidad de monedas se debe a las nuevas monedas fraccionarias y a la eliminación de la moneda de Bs. 20. Sin embargo, podría lograrse una reducción mayor eliminando las monedas de Bs.F. 0,01; 0,05; 0,125 y 0,25. En tal caso el número mínimo de piezas pasaría de 1878,8 millones a 1680,9 millones, reduciéndose más de un 10%. Si se definieran como monedas las denominaciones de Bs.F. 0,1; 0,5; 1; 2 y 5, el número mínimo de monedas requerido sería de 1.266,5 millones, y el de billetes 414,8 millones. En términos per cápita, ello implicaría 45,7 monedas y 14,9 billetes, dentro del rango anunciado por la Asamblea Nacional.

5/ De noviembre de 2006 a noviembre de 2007 el efectivo en circulación aumentó 25,9%. Si tal tasa se repitiera para noviembre de 2008, serían necesarias al menos 2.365,9 millones de piezas para expresar Bs. F 23.197,7 millones, satisfaciendo la condición de no redondeo. En este caso se requerirían al menos 1.517,8 millones de monedas y 848,2 millones de billetes. Cifras aun lejanas a los 4.000 millones de monedas y 1.800 millones de billetes anunciados por la Casa de la Moneda.

Las dudas expuestas pueden aclararse revelando los criterios y métodos seguidos por el BCV para calcular las cantidades de piezas acuñadas y emitidas para cada denominación, antes y después de decidida la reconversión.

Referencias

ABN (2007) "Casa de la Moneda sustituirá mil 800 millones de billetes" (11/11/2007), disponible en http://www.abn.info.ve/go_news5.php?articulo=110060&lee=18

Balza, R. (2007) "Redondeo, billetes per cápita, efectos psicológicos y reconversión monetaria en Venezuela" aceptada para su publicación por la Revista Economía de la Universidad de Los Andes, (Mérida). Versión preliminar disponible en: http://www.pensarenvenezuela.org.ve/publicaciones/ronald%20balza/Redondeo_billetes_per_capita_efectos_psicologicos.pdf

15-12-07.

 


[1] Se supone que las denominaciones de Bs. 500 y Bs. 1.000 se expresan únicamente mediante monedas.

Venezuela 2008 / D. F. Maza Zavala

Venezuela 2008 / D. F. Maza Zavala

Estamos acercándonos al 2008, que he calificado reiteradamente un año difícil, en virtud de varias circunstancias, algunas seguras, otras probables, que tendrán influencia en el acontecer económico: la reconversión monetaria, que ha generado expectativas contradictorias, y el resultado del referéndum sobre la reforma constitucional, que fue rechazado por la mayoría.

En cuanto a lo primero, hay que señalar que no contribuirá a aliviar las presiones inflacionarias, manifestadas claramente en la elevación del índice de precios al consumidor de este año en 20% en promedio, en comparación con la registrada el año pasado que fue de 17%. La no concurrencia de medidas de política firmemente antiinflacionarias ante la presión de la demanda, estimulada por el gasto público, puede explicar, en primer lugar, la persistencia de la inflación.

A lo anterior podría agregarse la coyuntura económica internacional, con signos de crisis financiera en Estados Unidos y reflejos inevitables en Europa y otras regiones, lo que tiene importancia para nosotros, ya que dependemos en alto grado de la economía internacional como exportadores e importadores, así como también en calidad de deudores y de acreedores, dualidades inherentes a la dinámica de las relaciones con el resto del mundo. No cabe esperar, sin embargo, que los precios del petróleo declinen en proporción sensible. Podría decirse que lo deseable sería la estabilización de esos precios en un nivel -o en una franja estrecha- que equilibre en lo posible los intereses de exportadores e importadores. El papel de la OPEP será cada vez más relevante.

En el plano macroeconómico concreto algunas estimaciones podrían aventurarse. El crecimiento económico, en términos del Producto Interno Bruto, se situará entre 5% y 6%, sostenido principalmente por el gasto público que crea demanda, aunque no tenga la misma eficacia con respecto a la oferta real de bienes y servicios, por lo que la brecha deficitaria propiciará una tasa de inflación no menor de 15%. No obstante la bonanza extraordinaria del ingreso fiscal, la propensión al gasto público exigirá una vez más la recurrencia al endeudamiento y al aumento de la carga tributaria. El balance comercial probablemente registrará un nuevo saldo activo, por el elevado valor de la exportación petrolera, aunque la importación de bienes y servicios alcanzará quizás un nuevo máximo, superior a 45 millardos de dólares, que será el nivel de este año. La salida de capital privado proseguirá a mayor ritmo que el presente año. El desbordamiento manifiesto del mercado cambiario paralelo obligará al gobierno a tomar medidas de índole distinta a una devaluación del bolívar y también distintas de las puramente represivas que, al parecer, no han dado resultado. Reajustes a fondo de las políticas monetaria y fiscal, incluso una auténtica coordinación entre ellas, y particularmente un replanteo del gasto público serían, entre otros, indicadas al efecto.

La experiencia señala, sin embargo, que para el Gobierno será difícil tomar esas orientaciones, empeñado como ha estado en ampliar su base política y social con el auxilio de la difusión de ingresos monetarios bajo diversas modalidades que en esencia significan subsidios. Los límites de una expansión no pueden ser otros que una modificación de la coyuntura de precios del petróleo en procura de un reajuste a un nivel sostenible en el largo plazo. No se puede marginar de esas consideraciones la necesidad de fortalecer y diversificar las fuentes de producción, particularmente la agricultura para garantizar la seguridad alimentaria y, desde luego, la propia actividad petrolera.

El Nacional, 05-12-07.

Petróleo y dólares / D. F. Maza Zavala

Petróleo y dólares / D. F. Maza Zavala

La persistente depreciación del dólar de Estados Unidos ha generado dudas sobre la conveniencia de continuar cotizando el petróleo en términos de la divisa norteamericana y, en relación con ello, la de mantener en proporción mayoritaria en dólares las reservas monetarias internacionales. La debilidad de esa divisa, que no es cosa reciente, obedece principalmente al doble déficit que padece la economía central del mundo actual: el comercial (más importaciones que exportaciones) y el fiscal (exceso de gasto público). Es poco usual que una economía de tan elevada productividad y con dólar depreciado sufra de un balance comercial desfavorable. Es posible pensar que los déficit mencionados estén interrelacionados.

Desde hace bastante tiempo se analiza la posibilidad de expresar los precios del petróleo en una cesta de monedas, que estaría compuesta, en alguna proporción, por las monedas de los propios países exportadores, y desde luego el euro, el yen, la libra esterlina, quizá el yuan chino y el dólar; sin embargo, la fuerza de la costumbre, la relativa confianza en el dólar, la influencia de la economía de Estados Unidos y de la política de su gobierno, entre otras cosas, hacen difícil tomar una decisión al respecto. Las transacciones sobre petróleo se liquidan en dólares y el acceso al mercado norteamericano es siempre un atractivo muy fuerte. Probablemente el argumento más convincente para sostener la divisa estadounidense es la inmensa acumulación de reservas internacionales en esa moneda, cuyo valor se deterioraría mucho más si se adoptara una decisión como la que comento. No obstante, habrá que inventar algún dispositivo que permita, aunque fuera parcialmente, compensar la depreciación del dólar.

En nuestro caso, aunque se han hecho esfuerzos para diversificar las reservas monetarias internacionales, la mayor parte se mantiene en dólares; en la actualidad nos favorece la revalorización del oro, activo de reserva que representa una proporción significativa del total. El problema del euro es que fluctúa sensiblemente. En general, los países procuran que su moneda sea estable y no tan fuerte, para facilitar la competitividad de su economía. Es una paradoja que la fortaleza de una moneda no ayude a la competencia de sus productos, aunque pueda favorecer la importación, como el propio caso del petróleo lo manifiesta. Para Venezuela un bolívar realmente fuerte permitiría obtener el suministro de bienes de capital, insumos y tecnología a menos costo monetario; pero no favorecería la exportación fuera del petróleo.

Venezuela hace bien en diversificar sus fuentes de importación y sus mercados de exportación, para lograr un óptimo de ventajas comerciales. Sin embargo, la obsesión por el dólar es cada vez mayor, hasta el punto de que no sería exagerado hablar de dolarización virtual. Los residentes en Venezuela mantienen activos en dólares, por un total aproximado de 130.000 millones y persiste, a pesar del control integral de cambio, la fuga de capital privado.

La relación económica entre Venezuela y Estados Unidos se desenvuelve sin mayores contratiempos, no obstante la tensión de las relaciones políticas. Prácticamente estamos ubicados en la zona del dólar y nuestro balance comercial con aquel país es favorable, en virtud de la exportación de petróleo a precios crecientes.

Todo parece indicar que esta situación persistirá en el futuro previsible. En la perspectiva de mediano alcance no se vislumbra cambio alguno en la forma de cotización del petróleo ni en la acumulación de reservas monetarias, principalmente en la divisa estadounidense. Muy pocos parecen tener interés en la mayor depreciación de esa divisa.

El Nacional, 21-11-07.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

La devaluación del bolívar / José Guerra

La devaluación del bolívar / José Guerra

Las cosas que hace este gobierno en materia económica son increíblemente malas,  torpes y mal implementadas y sus políticas son erráticas. Recientemente anunció la emisión del bono denominado El Venezolano y hasta  el cálculo de los intereses a pagar por el bono fue mal computado. El ministro de Finanzas argumentó que el objeto de la emisión era refinanciar la deuda pública pero en realidad la intención es disminuir la presión sobre el mercado paralelo de divisas cuya cotización alcanza a Bs 6.500 por dólar, lo que significa más de 300% sobre la tasa de cambio oficial.  La forma en que realizó la colocación del bono y la posterior adjudicación de los mismos sugiere que el gobierno está reconociendo en los hechos la existencia de tres tipos de cambio para el dólar: el primero, el oficial a Bs.2.150, el segundo el paralelo a Bs. 6.500 y el tercero, el resultante del bono El Venezolano a Bs. 5.000, dependiendo del descuento aplicado.

Con estos resultados el Ministerio de Finanzas oficializó en Venezuela un mercado cambiario múltiple, lo cual llama la atención debido a que las autoridades económicas han intentado defender el mercado oficial argumentando que el mercado paralelo es mediático e irrelevante. Todavía más, un diputado miembro de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, Salomón Escalona, argumentó que ese mercado paralelo no existía porque él no conocía su dirección. Si el mercado paralelo del dólar no fuese importante, el  Ministerio de Finanzas  no hubiera realizado esas emisiones de deuda para aplacar la tendencia alcista del precio del dólar. Pero más allá de la devaluación que de hecho ha ocurrido con el bolívar, llama poderosamente la atención el hecho que el Ministerio de Finanzas privilegió en la asignación de los bonos a los grandes inversionistas, quienes fueron los que pudieron pagar un mayor precio por el billete verdel dejando de lado a las pequeñas  empresas o las personas naturales que requieren divisas y a los cuales se les ha dificultado el acceso a CADIVI. Cuando el  ministerio de las finanzas acepta vender los dólares más caros en realidad lo que está haciendo es formalizar lo que ya el mercado paralelo o de permuta venía haciendo hacía tiempo al depreciarse sostenidamente el bolívar frente al dólar.

Ello no deja de llamar la atención por cuanto, en este contexto, en buena parte de las monedas de América Latina se aprecian respecto al dólar, como los casos del peso chileno, el real o el peso colombiano, mientras que el bolívar sigue su descenso con relación al dólar estadounidense. La única forma de que el precio del dólar baje sustancialmente en Venezuela es que haya oferta en el mercado y ésta la monopoliza el gobierno, por tanto es el gobierno el responsable de la devaluación. Se trata de un caso único el que un gobierno que tiene el monopolio de la tenencia de los dólares no regule o imponga el precio y ello tiene que ver con la ineptitud en el manejo de la política cambiaria. Lo que tendría que hacer el gobierno es aceptar que el mercado paralelo es una realidad y que el ente especializado en el manejo de la política cambiaria (el Banco Central) intervenga de forma clara y transparente con el objeto de estabilizar al dólar, y tiene que ser el BCV para que con ello desaparezcan los chanchullos en la asignación de las divisas que suelen caracterizar las actuaciones de quienes han dirigido y dirigen el despacho de las finanzas públicas. Así pues, se ha oficializado la tan temida devaluación del bolívar.

En todo caso esta oficialización de la devaluación del bolívar en el marco de un cuadro de incertidumbre no hace otra cosa que potenciar las tendencias inflacionarias en la economía a lo cual se ha agregado recientemente la imposición del impuesto a las transacciones financieras, el cual ha afectado sensiblemente la estructura de costos de las empresa, independientemente de su tamaño.

Tipos de cambio del bolívar

(Bs. por US$)

Dólar oficial

2.150

Dólar del Bono El Venezolano

5.000

Dólar de permuta

6.500

Tal Cual, 19-11-2007.

Una economía de demanda / D. F. Maza Zavala

Una economía de demanda / D. F. Maza Zavala

Los economistas clásicos no se preocupaban por la demanda de los bienes producidos, en razón de lo postulado por la ley de Juan Bautista Say: la oferta crea su propia demanda, ya que al generar la oferta se crean ingresos factoriales que de una u otra manera se realizan en el mercado. John M. Keynes invirtió los términos y planteó el problema de la insuficiencia de la demanda por absorber la totalidad de la oferta creada. La de los clásicos es una economía de oferta; la keynesiana es una economía de demanda, en el sentido de que debe fomentarse una demanda efectiva suficiente para sostener el nivel de actividad económica; si el sector privado no está en capacidad de hacerlo, lo debe hacer el Estado en cuanto sea necesario.

Las consideraciones anteriores son oportunas en el caso venezolano actual, pero en un sentido muy peculiar: hay demanda porque han aumentado los ingresos de la mayoría y hay necesidades por satisfacer, pero no hay oferta suficiente para atenderla; la cuestión es de insuficiencia de oferta, lo que genera escasez e inclusive ausencia de bienes de demanda general. La brecha propicia presiones inflacionarias, no exentas de especulación. El mejor antídoto para la inflación y la especulación es el abastecimiento oportuno y eficiente de mercado con bienes requeridos por los consumidores. A nadie puede ocurrírsele que un remedio a esos males sería un reajuste hacia la baja de los ingresos sociales.

Últimas Noticias, Pulso de la economía, 18-11-07.

La misma piedra / Arlán A. Narváez R.

La misma piedra / Arlán A. Narváez R.

Cuentan que un grupo de connotados economistas internacionales visitó una isla "socialista" y tras evaluar los planes económicos informaron al mandatario sus escenarios futuros, uno optimista y otro pesimista. El mandatario pidió que le dieran primero el optimista. Comandante, dijeron, por esta vía al país sólo le quedará comer "basura"... ¿Esa es la optimista? Preguntó el mandatario, y ¿cuál es la pesimista?; comandante, le dijeron, la "basura" no va a alcanzar para todos.

Obviamente esta situación no aplica a Venezuela (por ahora) porque tenemos petróleo para comprar en el exterior algunos de los alimentos que necesita la población, pero el prospecto que ofrece la concepción económica en la reforma constitucional amenaza con un futuro económico muy sombrío si los precios petroleros dejan de subir.

Alguien dijo que "Quien no aprende de experiencias pasadas está condenado a repetir sus errores", pero ese pareciera ser un maleficio omnipresente en la política económica de nuestros gobernantes.

La historia económica venezolana está fraccionada en antes y después del petróleo. Antes de él éramos uno de los países más pobres del planeta, eminentemente rural y dependiente de una actividad agrícola y pecuaria altamente improductiva por la precariedad de las formas de producción predominantes, el latifundio y el conuco. La producción industrial era prácticamente inexistente y la gran mayoría de productos elaborados debía ser importada con lo poco que recibíamos de nuestras exportaciones de café y de cacao, básicamente.

El petróleo transformó esta realidad porque, al decir de mi padre, permitió que cambiáramos alpargatas por zapatos, pero trajo consigo dos efectos que aún dominan la realidad nacional. En primer lugar, la emergencia del Estado (principal perceptor de los proventos del petróleo) como cardinal e inevitable actor en la vida económica y social de la nación y, en segundo lugar, la emergencia del petróleo como eje de la economía venezolana.

Obviamente el segundo efecto es causa del primero, pero fue la determinante presencia del Estado en la vida nacional por su petrolera capacidad de gasto, la que originó dos singulares fenómenos venezolanos: por un lado, el desarrollo de un Estado de gobiernos paternalistas, populistas y clientelares, embelesado en su herencia de centralismo caudillista del poder; y por otro lado, la aceptación general en los diferentes sectores de la sociedad de la "necesaria e inevitable" presencia de ese Estado "benefactor".

El problema radica en que esa concepción del Estado omnipresente y benefactor secuestró o minimizó las capacidades y responsabilidades de los individuos y las comunidades para resolver sus propios problemas y diversificar la economía. No es una concepción nueva ni "socialista", la petrolera capacidad de gasto del Estado, arrogantemente y para no perder su dominio clientelar, ha tendido a la concentración del poder y a la minimización, hasta la condena, del rol que debería jugar la iniciativa y responsabilidad de la sociedad.

El resultado está a la vista en los vergonzosos fracasos que exhibimos en cuanto a diversificación de la economía, desarrollo de nuestras capacidades productivas, abatimiento de la inflación, generación de empleos productivos y estabilidad en el tipo de cambio. Ahora quiere dársele nombre de "socialismo" y consagrarse como tal en la Constitución a través de un proyecto de reforma inconstitucional, pero la exacerbación en la concentración del poder, particularmente en materia económica, aunada a la satanización y minimización de la iniciativa de los particulares, no es más que seguir insistiendo (y profundizar) en los errores que hemos cometido en el pasado.

Pero, por si fuera poco, ahora se quiere darle rango constitucional no sólo a nuestros errores pasados sino también a los errores que han cometido las más fracasadas sociedades y economías del planeta: mientras China y Vietnam pueden empezar a asombrar al mundo por los éxitos que logran al corregir los errores del pasado, nosotros vamos a copiar sus pifias, como si el patetismo del fracaso cubano no fuese evidente. Por algo dice el adagio que "El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra", en nuestro caso, varias veces, cada vez peor, siguiendo hacia el escenario pesimista. ¡Cosas veredes, Sancho!

2001, 07-11-07.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres